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Exhaustos afilados en media maratón de Petin


Nos habían hablado de la dureza de esta prueba, pero la verdad es que en la planificación de la estrategia de carrera nos importó poco, ya habíamos corrido bastantes medias y pruebas tan duras como la media de Ferreirúa que transcurría por terrenos similares. Por lo que nos marcamos un ritmo para ir a menos de 1h 45m, en la salida no éramos más de 150 corredores y durante los primeros kilómetros cumplíamos los objetivos de los tiempos, pero ya a partir del km 4, el calor era demasiado sofocante y nos pegaba con fuerza en la espalda. Primer avituallamiento, estábamos empapados en sudor y bebíamos insaciables, la primeras subidas nos hacían daño, aún así manteníamos los ritmos. Los cambios del terreno eran constantes y ante los pitidos continuados del GPS, decidimos apagar las alertas para no obsesionarnos y seguir según sensaciones. Segundo avituallamiento km 10, se rompe la carrera Iván decide pararse y caminar, animándome a seguir solo. Continúo sólo y durante los siguientes 3 km intento reestructurar la carrera en mi cabeza, pero aparecen la primeras rampas duras de verdad, las piernas comienzan a fallar y subo a ritmos de 5,45, algo me estaba pasando, ¡ subir es lo mio !. Tercer avituallamiento, a pesar de que estamos en la parte contraria del rio y ya no nos dá el sol, un viento frontal me hace marcar un ritmo lento. Pregunto a la gente de la organización si me quedan más cuestas y me informan que queda una de unos 800 m muy dura, casi me estremezco con la explicación. A llegar al km 17, principio de la cuesta, comienzo a bajar el ritmo para no sentir el corazón tan acelerado, tanto es así que a los 100 metros me paro y casi sin darme cuenta solo puedo andar, un sentimiento de tristeza, soledad y abandono recorren mi mente, mientras me pasan corredores, ¡ la carrera me había vencido !, llego a la cima y comienzo a descender y llanear a un ritmo lento, no me queda ninguna energía. En el km 19 desde el alto se ve el Pueblo de Petín, ya faltaba poco, intenté exprimirme, pero era inútil, no había nada que sacar del cuerpo, esos últimos km se me hicieron eternos, tenía temblores y calambres por todo el cuerpo, me pasaban corredores que me animaban, mi cara debía de ser un reflejo de sufrimiento, en los últimos 500 metros el público no dejaba de animarte, estuve a punto de pararme, sólo pensaba en llegar y ver a los míos, a 50 m esperaban mis niños y Mily, que me abrazaron al cruzarla, tuvieron que agarrarme porque me caía al asfalto, ¡me había dado un pájara del copón!. En esos momentos piensas, ¿qué hago aquí sufriendo de esta manera? pero un par de horas más tarde ya estaba planificando la Maratón de Penedos de Lobos.

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Nos vemos en las carreras.
PD. Siento esta crónica tan intensa, pero es que las sensaciones fueron como nunca.

By Coidador

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  1. Aún no hay comentarios.
  1. octubre 9, 2015 en 10:02 am

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